lunes, 6 de febrero de 2017

La chica de la libreria


Era un día frío, de esos en los que el viento del invierno atraviesa cada una de las ropas que llevas puestas. Había salido de mi clase de alemán y decidí pasar por la librería de mi tutor de tesis. Ese lugar siempre me había regalado la sensación de hogar que muchas veces en mi casa no encontraba. Pasaba todos los jueves a conversar con Julio, era el momento en la semana en el que podía sumergirme en todos aquellos autores que siempre me habían interesado, leerlos, cuestionarlos y aprender junto a él.
Ese jueves como todos los demás, salí de mi clase y comencé a caminar por Callao, al llegar encontré a Julio acomodando los nuevos títulos que habían entrado ese día. Estaba atrás del local, en la sección de filosofía oriental.
Nos saludamos y al verme casi congelado me invitó a tomar un café. Hablamos de las novedades publicadas esa semana y como venía mi investigación. Se suponía que pasaba para preguntarle las dudas que tenía en mi tesis, pero la verdad es que iba porque me gustaba su compañía y su paraíso.
Estaba leyendo cuando sentí el ruido de la puerta abrirse. No miré, la verdad es que nada me interesaba más que el autor que tenía en ese momento en mis manos.
Escuché como una voz de mujer pedía un autor francés y como un perfume de vainilla se apropiaba de todo el espacio. Sin embargo, eso no permitió que me distraiga de mi lectura. Julio salió del mostrador y se fue a buscar el libro que le habían pedido.
Para llegar hasta el ejemplar que estaba a punto de vender, mi tutor tenía que pasar por donde me había acomodado con mi café y mi libro. Fue entonces cuando me vi obligado a pararme y darle paso.
Ahí la vi por primera vez. Tenía la nariz roja por el frío, llevaba un saco negro y un gorro de lana con un pompón que hacía que su cara se vea entre tierna y rea a la vez. Julio volvió con el libro que le había pedido entre sus manos, preguntando si necesitaba algo más.
Tenía que hacer algo que le hiciera notar a ella mi presencia, si el pelotudo que había estado metido dentro de un libro de filosofía buscando la forma de ser el superhombre ahora quería dejar de ser invisible. Quería que esos ojos me reconozcan, que me miren, que me hable. Pero ella solo me dió la espalda y se dispuso a pagar.
No había tiempo, esa extraña mujer pronto se iría y probablemente nunca más la volvería a cruzar, tenía que lograr algo inteligente que me permitiera tener su atención. No podía hacer nada estúpido porque después de todo ella estaba comprando uno de los autores franceses más reconocidos de la sociología.
Pase por detrás de ella y dejé el libro que casi me hace perder el momento del encuentro. Lo mire a Julio que ya se había dado cuenta que algo ahí pasaba y comencé a decirle una frase del libro que ahora dejaba. Recuerdo que era una descripción de las calles de Viena en tiempo de carnavales. Julio se rió y me sugirió que leyera a Bajtin. Y en ese momento ella sin siquiera mirarme me habló por primera vez.
Me comentó, o en realidad le comentó a Julio, la concepción de lo grotesco y del carnaval que realiza Bajtin en La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento y no pude evitar enamorarme por primera vez. Sé que estas cosas no le deberían de pasar a un filósofo, menos uno especializado en Nietzche, pero estaba experimentando eso que el sentido común llama amor a primera vista.
Nuevamente me vi en la urgencia de conseguir que me mire, que me hable a mi y no a mi tutor. Entonces me acerqué al mostrador y le conté que estaba investigando sobre Nietzche, el juego de la risa y la danza. Fue en ese momento que se volvió hacia mí y con un gesto más frío que el invierno que me esperaba afuera me escribió su mail.
Desde hace tres días me pregunto si escribirle es una buena idea o si simplemente debería de quedarme con el recuerdo de esa chica misteriosa que conocí un día en la librería.

Semilla GALActica

domingo, 8 de enero de 2017

Las dudas del irse...

Estas a punto de hacer lo que querías desde hace más de un año. Irte. Sin embargo el miedo y la incertidumbre de no saber todo lo que puede implicar te paralizan.
Empezas a despedirte de la gente que viste todos los días en los últimos seis años de tu vida. Estas ahí, haciendo lo que querías pero sin embargo la puta tristeza no deja de aparecer.
El ultimo año tuvo incontables tras pieses:  dos amigas que se fueron, dos robos, infinitas llegadas tardes, incontables noches de ingesta de alcohol, largas horas frente a netflix, un perro que crece, un amor que me dejo y un laburo al que renuncio (algo con lo que siempre había soñado pero ahora dudo).
Fue el año que más cosas logre y que más puntos finales puse: Me gradué, viaje a montón de lugares y termine una relación laboral de años. Concluir cosas de muchos años y la duda de lo que vendrá parece que es lo que me dejó el 2016.
Es raro tener miedo a los veintiocho años por cambiar de trabajo, nunca pensé que iba a estar preocupada por esto. Pero la idea de cagarla me preocupa. Siempre creí que esos miedos laborales aparecían a los cuarenta pero hoy me doy cuenta que los miedos a la inestabilidad económica no tienen edad, en todo caso es más cuestión de condiciones sociales o de en qué parte de la pirámide te encuentres.
Hoy, después de seis primaveras me aventuro a algo nuevo.
En mi escritorio queda una botella rosa del real Madrid que compre en Barcelona con Luis y un telegrama que cristaliza mi renuncia. La oficina es musicalizada con I'm not in love... un disco que siempre escucho cuando me subo a un avión o me voy sin destino.
Mi torre preferida no se ve por las nubes, pienso que la voy a extrañar, al igual que muchos amigos que dejo acá o los jueves de pizza o los chipa del paraguayo.
Ya no estoy porque me fui... me llevo lo que me dijo la última persona que despedí: cuando se cierra una puerta se abre un portón.

Semilla GALActica



viernes, 23 de diciembre de 2016

Descifrar el nuevo misterio


Es lunes, como todo inicio de la semana suele ser imperfecto. Llego quince minutos tarde a la oficina, la lluvia es intensa y parece que no va aflojar en el resto del día.
Entró con la cabeza gacha, no sólo por llegar tarde, sino porque el viernes salí con mis compañeros de trabajo y no pude evitar perderme en algunas copas de vino. Supongo que ellos hicieron lo mismo, pero es difícil disimular la vergüenza por las cosas dichas en aquel estado de inconsciencia alcohólica.
Escucho disco eterno y no puedo evitar replantearme lo mismo que todas las semanas: por qué carajo estoy donde no quiero estar. Mis compañeros hablan de fútbol, parece que mi equipo, San lorenzo, no viene bien. Intento que mi mente se pierda en la música, la misma que a veces me salva y otras tantas me entristece. Los diarios dicen que cayó un meteorito y esa parece que va a ser la noticia de la semana mientras no se informa de cómo nuestro actual presidente "busca" inversores.
Alguien me habla por el chat interno, a veces pienso que podrían escribirse grandes guiones con las historias que se traman por detrás de los chat de las empresas: conspiraciones, rumores, coqueteos, chismes y demás cosas que mi mente ya no puede imaginar.
El cielo esta bastante cerrado, pero no hace frío. Me duelen los ovarios o debería decir mi ovario. Queda una semana larga y este es el inicio.
Pereciera que hace una eternidad que estoy en mi escritorio pero son apenas las once del mediodía, la satisfacción de saber que pronto bajó a buscar comida me regala un aire de falsa libertad.
Llega la hora del almuerzo y voy a comprar, pasó por la dietética para tratar de conseguir unos caramelos de propoleo para alguien que sé que no los va a valorar, pero sin embargo lo hago. Tengo la inexplicable cualidad de insistir ahí donde sé que nada va a pasar.
Vuelvo, entro con la misma actitud con la que lo hice más temprano, y casi flotando me dirijo a mi escritorio. En casa me espera Clemente, un francés de unos veinticinco años, alto de ojos color miel. Desde el fin de semana estamos haciendo couchsurfing, todo ha sido bastante divertido y agradable, me enseñó algunas palabras y frases nuevas. Es bueno saber que cuando llego alguien está ahí para saber qué fue de mi día, pero el miércoles se va, sigue para Puerto Madryn. Tal vez es uno de esos personajes de paso que suelen cruzarse por mi vida y que luego terminan formando parte de alguna de mis historias. Él me dijo, después de conocer a mis amigos, que le era raro la diversidad de edad de mi grupo, pero que había encontrado un patrón común, todos éramos del interior y solteros. Supongo que de esta manera me hacía notar algo de lo que no me había dado cuenta, en el fondo todos éramos seres solitarios adaptados a un nuevo contexto.
Como una especie de respuesta a mis plegarias de que algo suceda, mi jefe me da la noticia de que voy a viajar la próxima semana. No puedo disimular la emoción de mi cara. El destino: Mendoza, tierra de montañas, vino y ríos.
No puedo evitar preguntarme por qué me eligió, tal vez es una forma de ponerme a prueba para posteriores desafíos, tal vez sea porque soy la más preparada y profesional para hacerlo o simplemente porque las otras personas no quieren viajar porque tienen familia y prefieren estar en Buenos Aires. Para esta versión de los sucesos vamos a tomar la segunda posibilidad, de todas maneras tampoco es importante porque no tenía mejor plan para mis próximos días, excepto el amargarme cuando reciba la nueva factura de luz, mirar alguna serie por netflix o tal vez leer la biografía de Anthony Kiedis que me pasaron.
Mientras intento descifrar el nuevo misterio, me propongo el juego de ser profesional, ir a otro lugar, conocer gente nueva y ver como el no plan se convierte en plan.


Semilla GALActica


martes, 29 de noviembre de 2016

N&N



Smile when someone says "you can´t"  they don´t know. You if you want, down is up  

La consternación y algunos demonios volvieron, algunos dicen que es producto del estrés, por la época del año, que el bocho ya no funciona. Mi doctor, en cambio, señala que puede ser  un cuadro de ansiedad o una leve depresión, lo que no me sorprende volver a escuchar. Recomienda que vuelva al psiquiatra y receta alplax para dormir.
Hace varios días que no duermo. Cuando intento hacerlo con la medicación al otro día mi cuerpo no es mío. Sigue siendo propiedad de aquello que se me receto hasta que el miligramo mágico desaparece, pero para ese entonces ya son como las once del mediodía.
Duermo, lloro, me pongo triste y no quiero salir de aquella cueva llamado departamento que me regala seguridad. Netflix me acompaña con recomendaciones para solteras de mediana edad. Creo que llegado el momento alguien va a tener que estudiar los efectos de esta plataforma en la gente con depresión. Pero seguro no seré yo.
Supongo que sentirnos jodidos y estar triste es parte de la vida, o al menos de un momento de la vida.
Entonces vos estás ahí llorando frente a tu plato de comida, un domingo solitario cuando tus amigos te arrastran a elegir ser feliz. Ese es el momento en que los otros hacen que sus bendiciones se derramen sobre tu vida.
Estaba triste, si. Hasta que mi amiga Nati (no suelo ponerle nombre a las personas de mis relatos, pero ellos se lo merecen) me obligo a ir hasta Chascomus. La idea era irnos bien lejos armar la carpa, tomar sol, vino y comer todo lo que habíamos llevado.
Preparé mi mochila, preguntándome más de una vez si iba aguantar todo un fin de semana en carpa, pero sin embargo me preparé y salí. Nos encontramos en la puerta de retiro, cargadas como si fuéramos diez días a la montaña.
Subimos al colectivo, contentas y emocionadas por nuestra aventura, hasta que el aire se rompió y los 35 grados de calor empezó a molestar al resto de la gente. Mientras los choferes paraban a intentar arreglar lo roto, nos pusimos a comer pan con palta y a charlar de los cosas que nos habían pasados estos últimos años. Me olvido que estaba triste y me siento afortunada porque sea ella la que está al lado mío. Finalmente el aire arranca y seguimos en camino.
Al llegar, la ciudad parece linda, tranquila. Comenzamos a caminar de un lado a otro intentando buscar la laguna, el camping y, cuando la lluvia empezó, un taxi. Finalmente, salimos caminando, la idea de hacer auto-stop no tuvo resultados. Sólo Alfredo, en su fiesta bordo, que era un taxi, se detuvo. Él nos llevó hasta el camping y nos dejó su teléfono por cualquier cosa.
La lluvia era intensa, por lo que fue imposible no mojarse. Armamos la carpa y nos metimos adentro, con frió y chorreando agua. No paro hasta la tarde, cuando el agua se cambio por viento. Ante el miedo que me daba pensar que una rama podía caer y terminar con nuestras existencias, así, sin nada de glamour, me dormí. A eso de las siete me desperté y todo estuvo mejor.
Comimos cuscús que Nati preparó y prendimos fuego mientras nos tomábamos una botella de vino.
Nico llegó el domingo. Y no pude evitar sentirme explotada de felicidad por tenerlos ahí. Amo a mis amigos, a cada uno de ellos. Pero Nico es especial, es mi otra mitad. Sabe cuando estoy triste y sabe como hacer que eso cambie.
Por una prueba del destino o porque simplemente tiene que ser así, mi enemigo imbatible se despierta cuando mi cuerpo intenta descansar. Y por estar de camping no iba a ser distinto. En cuanto me dormí mi inconsciente se despertó y comencé a soñar. Siempre sueño, con todos y casi de todo. Con mi ex, con mi mamá, papá, pero nunca el sueño es conmigo misma.
De repente, en ese lugar, en donde mi cama era el suelo, y mis paredes una carpa que Nati armó para nosotros, tuve el sueño en donde la protagonista era yo. Estaba en Italia, era comunicadora. Mi trabajo me había llevado a ese lugar. Era yo no muy lejana, pero estaba contenta. Era un 16 de octubre y estaba limpiando la casa en la que ahora vivía porque celebraba un año en esa nueva vida y mis amigos (que no los pude ver) iban a visitarme para celebrar. Hablaba por teléfono con una amiga mientras hacía otras cosas, parecía que todo iba bien, no lo sé. Pero la naturaleza comenzó a cantar y me desperté.

Hoy soy yo en mi escritorio, peleando con todos mis demonios, como lo hago a diario, pero un poco más feliz. Gracias Nati por tu insistencia y esa vocecita que todavía está en mi cabeza, gracias Nico por ser ese amigo que toda persona necesita para transitar más liviano en esta vida.  Gracias a todas esas personas que nos dicen sí y nos dan su tiempo, apoyo y abrazos infinitos. Al resto, que han sido muchos, a la mierda... que la circularidad de la vida los encuentre.

Semilla GALActica

viernes, 14 de octubre de 2016

Recordarte es un hermoso lugar



Para la más atrevidas de las francesitas
Podría escribir miles de cosas, pero ninguna frase o palabra darían el sentido real de lo que solo nosotras sentimos. Desde nuestras charlas de Perón, feminismo o Sartre a nuestras noches en algún rincón perdido de Buenos Aires.
Las experiencia de sentarnos en cualquier plaza con una botella de vino, tirarnos en el pasto, andar en skate, los paseos con Ramón, leerle en voz alta a la otra, probar las margaritas de todos los bares y las papas con cheddar. Los cigarrillos armados que hoy ligo con tanta prolijidad, las discusiones al leer Althusser o Marx. Miles de cosas, travesuras, risas, amores, desamores, miedos y la juventud de los días.
Pasaron nueve meses. Nueve meses en los que las caminatas por Las Heras o Gutiérrez fueron diarias. Ramón te extraña, pero más te extraño yo. Es raro, aún no te vas pero ya te extraño y el nudo de la garganta, que algunos llaman angustia, ya está en mí desde hace una semana. Te voy a extrañar, pero como diría mi cantante preferido: "recordarte es un hermoso lugar".
Tengo que trabajar, en los últimos meses casi siempre lo tengo que hacer, pero, sin embargo, necesitaba escribirte.
Te digo hasta luego en primavera con la certeza que nuestro próximo hola será también en la misma estación pero ya en tu lugar (seguro que con mucho champagne, quesos y creppes).  
Como todo pasa por algo, y para nosotras no existen las casualidades, es que nos conocimos. Al menos eso supongo.
O tal vez es real que las energías se atraen y como diría tu autor favorito: "cuando quieres una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla".
No tenemos certezas, solo el deseo de conocer, probar, asumir los riesgos y a veces también el miedo que eso lleva. Pero hoy te vas, más fuerte, más sabia, más mujer.
Me quedo con nuestra última noche en Makena y con aquel sentimiento que aprendimos juntas pero en distintos lugares, saudade. Te saludo hasta la próxima primavera amiga y que tus ojos sigan contemplando el mundo.

Semilla GALActica

sábado, 17 de septiembre de 2016

Sr y Sra...



Suelo tener gestos extremadamente narcisistas. Con esto quiero decir que soy el tipo de chica que se junta con sus amigas y está los primeros quince minutos de la reunión hablando de lo que sólo a ella le pasó y de cómo se siente, hasta que, luego de unos minutos de reunidos, comienza a preguntarle al resto qué tal estuvo su semana. También soy el tipo de minita que necesita reconfirmar constantemente que el chico con el que sale está pensando en ella (o lo hizo en algún momento del día). Pero en un ejercicio de dejar de lado mis peores vicios es que hoy decidí escribir sobre el casamiento de mi amiga.
Espero que ella no se enoje por esto pero me desperté con la necesidad de hacerlo. Primero debería de contar cómo la conocí, aunque, en realidad, la conocí cuando ya la conocía. Suena raro pero fue así.
Era el año 2011 (creo), sabía que en mi trabajo había comenzado una chica que también estudiaba comunicación como yo pero aún no la había visto. Un día, por algún motivo, cambié mi horario de trabajo y nos cruzamos. Ahí la ví por primera vez. Me contó que había dejado comu ese año y estaba estudiando fotografía. Seguimos conversando y después nos dimos cuenta que habíamos cursado juntas semio I en el 2009. Hoy pienso que, tal vez, por lo complicada que nos había sido esa materia nunca habíamos tenido el tiempo, en todo un año, de percatamos de la existencia de la otra, o simplemente ese no era el momento de conocernos. Luego no sé cómo seguimos, a veces mi cabeza tiene lagunas. Acá ella seguro podría llenar el vacío e incluso me remarcaría, como siempre, que el año que nos conocimos me invitó a su cumple y no fui anegando tener que estudiar. Lo importante es que de a poco nos hicimos más amigas.  
Ahora, que ya saben como nos conocimos, necesito que tengan la imagen de como es ella. Ella es hermosa, fanática de los maquillajes, la fotografía y los libros. Extremadamente amante de los perros y los esmaltes. Sí, ella es del tipo de amigas que cuando visitas saca inmensas cajas con esmaltes para que todas nos pintemos. Suele ser común que al irnos nos llevemos, a modo de souvenir, alguno de los colores que más nos gustó y que ella ya no usa o tal vez nunca usó. Es fiel defensora de los animales pero principalmente de los perros a los cuales es capaz de proteger hasta con su propia vida (y no exagero). Es amante de los detalles, cumpleaños, día del amigo, navidad, en fin, cualquier fecha especial ella lo recuerda.
Hace ya unos años se cruzó con el que hoy es su compañero. De él les puedo decir que es hincha fanático de Racing, de los Simpson, los Redondos y el periodismo deportivo. Es excelente imitador y si hay cena de pareja él es el encargado de hacernos reír a todos.
Les podría contar cómo se conocieron, pero eso me lo guardo para cuando ellos tengan hijos. Pienso que, como buena tía postiza, les voy a contar con mis propios detalles como sus papás se conocieron. Pero lo que sí les puedo contar es que al verlos puedo notar como el amor se percibe en la mirada. Ellos no sólo son compañeros, novios y ahora esposos, también son cómplices. Comparten esa picardía mutua de mirarse y saber lo que el otro está queriendo decir sin necesidad de hablarlo, son de esas parejas que constantemente están teniendo chistes entre ellos pero con los cuales el resto también se ríe.
En estos años los he visto crecer como pareja, han criado (o más bien malcriado) a Homero. Han sabido sostenerse en momentos tristes y también celebrar los buenos.
Del casamiento les puedo decir que tuvo la esencia de los dos en todos lados. Banderines, al estilo hippie chic, decoraban el salón y el patio. Las fresias, que eran las flores preferidas de la abuela de mi amiga, regalaban su color y perfumaban el lugar. La entrada la hicieron al ritmo de los Foo Figther y la torta la cortaron con Florence the Machine de fondo.
Todo fue más que hermoso. Emotivo y sencillo. Puedo olvidar muchas cosas pero siempre voy a recordar el día que mientras comía, mi amiga me contaba que se casaba. Hoy hace un poco más de un año de ese día que entre lágrimas le decía lo feliz que me ponía.
Y si, un papel no cambia nada cuando el compromiso es real. Para ellos es mi entrada, para dos compañeros que ayer dieron el sí legalmente, pero ya lo habían hecho hace mucho tiempo. Como su mamá dijo en el civil: son dos buenas personas y siempre nos van a tener para que los acompañemos en lo que necesiten.

                   …y fueron felices y comieron hamburguesas veganas.



Semilla GALActica

lunes, 12 de septiembre de 2016

Banquinas Mentales


Esta semana matando mi tiempo en una red social me topé con una publicación de un amigo, en donde se preguntaba “¿qué pasa con los hombres?”. No sólo me llamó la atención que quien hiciera esa pregunta era, justamente, un hombre, sino, además, que la mayoría de quienes respondieron eran mujeres. Todo parecía planteado al revés.
La publicación no pasó desapercibida porque quedó en mi cabeza por varios días. Incluso llegué a buscar el post para leer los nuevos comentarios a los que, claro, no me animé a sumar ninguno. Y cuando esto no sucedía, alguna ferviente defensora feminista aparecía en la web para comentar. Lo que hacía que en una suerte de circularidad 2.0 el estado de mi amigo  apareciera entre las novedades.
La pregunta volvió al cerrar la semana mientras escuchaba una entrevista a Spinetta. Antes de empezar a cantar él decía algo como que tenía una misión social, a lo que el periodista acotó - de manera poco inteligente- "luchar por la gente".  Spinetta, con esa carismática simpleza que lo definía, sonrió y se puso a cantar. Tal vez ese bello arte era a lo que él se refería como su misión.
Puede que el interrogante no sea qué pasa con los hombres, si no dónde están aquellos capaces de hablarle sinceramente a una mujer. Si hasta el propio Charly García le canta al corazón de una mujer en uno de sus míticos temas, ¿por qué el tipo común no se lo permite?. Por qué tarda en invitarla un vino o por qué no reconoce que lo invade el mismo miedo que esconde la posibilidad de ser rechazado.
Estuve leyendo mucho sobre dos personajes, Lou Solome y Simone de Beauvoir. La primera, una mujer inteligentemente peligrosa, como Freud una vez la describió. Este personaje, de bella complejidad, exploraba la libertad de una manera muy crìticada para su época. La segunda, aparece como una enseñanza de una amiga feminista. ¿Por qué hablo de ellas?, porque creo que fueron capaces de  ver al otro no como otredad, sino más bien como un igual. Al menos esa lectura personal me interesa más: el igualismo.
No creo saber qué les pasa a los hombres, pero sí sé que se han vuelto totalmente indecisos y algunos se enmascaran detrás de una insensibilidad difícil de sostener. ¿Será el miedo a una locura similar a la que sufrió Nietzche al ser rechazado por Lou Salome lo que los lleva a evitar el amor?, no lo creo.
Pero volviendo a nuestra época, podemos decir, tal vez, que ya no hay Ceratis o Spinettas, y que aquel que muestra un pizca de sentimentalidad y humanismo es tildado de "puto" por el resto de la manada masculina que lo acompaña.
Suelo enamorarme de estos personajes. No sé si es un patrón que me esfuerzo en repetir o simplemente me enamora la posibilidad de torcer sus habitus. Hoy quería escribir de esto, tal vez por mi insistencia a vivir en el amor o por mis experiencias frustradas o simplemente porque me encuentro en una banquina mental que me impide producir algo más atractivo para mi lector. Supongo que cualquiera de estas ideas puede ser posible, porque puede pensarse y materializarse en un blog.
Qué les pasa a los hombres... no lo sabremos, al menos por el momento y mientras sigan escondiendo emociones en emoticones que serán leídos en un sentido distinto al que han sido producido. Pero qué hacer si después de todo así es el sentido, una suerte de “horizonte de expectativas”.
Mientras tanto, tal vez, podamos invitar al “otro” a desnudar los sentidos e ir a explorar.  Si sufrir es una posibilidad, no siempre tiene que ser una realidad.


Semilla GALActica